por supuesto el miércoles 11 noviembre nos unimos a la Huelga General,
abajo os dejamos parte del comunicado del sector de la cultura, donde hay más de 800 firmas
de agentes de la cultura, librerías, editoriales, escritoras... y seguimos sumando.
NOS VEMOS EN LAS CALLES
Quienes escribimos, traducimos, editamos y vendemos libros; quienes hacemos música, teatro, cine, danza o cualquier arte viva; artistas, galeristas y creadoras de contenido; quienes formamos parte del mundo de la cultura nos sumamos a la huelga general por la vivienda del 11 de noviembre.
Hace ya casi un siglo, Virginia Woolf afirmaba que era necesario tener un cuarto propio si se quería escribir ficción o poesía. Muchas de nosotras trabajamos en nuestra propia casa, y a veces ni podemos tener eso asegurado. Los trabajos de la cultura necesitan tiempo, pero también espacio: el de casas, talleres, librerías, escenarios o locales de ensayo. Según una encuesta de la Asociación de Librerías de Madrid, más de 8 de cada 10 librerías son inquilinas, y sólo el 14,3% afirma tener garantías de continuidad en su local actual. Si en las grandes ciudades las librerías cierran, en las pequeñas directamente no llegan a abrir. Esta misma dinámica se replica en otros espacios propios de la cultura. Por culpa de la especulación, el riesgo inmobiliario es cada vez más alto. Nos alejan de nuestros barrios, nos obligan a cerrar locales, abandonar proyectos o trabajar desde pisos compartidos que no reúnen las condiciones necesarias ni para la creatividad ni para la dignidad.
Se da por hecho que las profesionales del mundo de la cultura tenemos que compatibilizar más de dos o tres trabajos para crear y que rara vez accederemos a un espacio propio para ello. No podemos aceptar que la cultura sea el privilegio de quienes ya han llegado a ella en posesión de patrimonio mientras se expulsa y precariza a sus trabajadoras.
Toda la sociedad se entristece cuando cierra una librería, un local de ensayos, un teatro, un taller de lectura, una galería o un cine. Cada vez más barrios se convierten en decorados, la gentrificación expulsa a vecinas y liquida los pocos espacios de encuentro que nos quedan. Todo lo que nos aísla impide que emerjan comunidades culturales y mutila la riqueza artística. Si algo contribuye al conservadurismo cultural, es la inflación de alquileres e hipotecas. Sin casa, sin locales y con el espacio público convertido en un escaparate, no quedan lugares donde viva la cultura.
Por estas razones, nos sumamos a la huelga del 11N y reclamamos:
- Vivienda digna y estable: contratos de alquiler indefinidos, congelación de los desahucios, tope en el precio de los alquileres en zonas tensionadas y recuperación de viviendas vacías y turísticas para su uso habitacional.Medidas efectivas para prevenir y sancionar la discriminación racista en el acceso a la vivienda y a espacios comerciales o de producción artística.
- Regulación de los alquileres comerciales, fin de la especulación inmobiliaria y protección efectiva de los espacios culturales independientes frente a la expulsión por espacios comerciales.
- Condiciones dignas para quienes trabajamos por cuenta propia: reducción de las cuotas para las rentas bajas, cotizaciones y fiscalidad adaptadas a la intermitencia de los ingresos culturales, y protección social efectiva durante los periodos sin actividad, las bajas y los cuidados. Simplificación de los trámites y garantías de cobro en plazo frente a la morosidad de empresas e instituciones.
- Condiciones dignas para las trabajadoras de la cultura. Que las instituciones y empresas culturales respeten el derecho de huelga y se reconozcan nuestros derechos sindicales.
- Garantizar la continuidad de las reformas legislativas del sector cultural. Exigimos que se retomen las reformas pendientes que afectan a nuestras condiciones laborales y profesionales, evitando que los ciclos electorales paralicen reiteradamente su tramitación, como ha ocurrido con la Ley del Cine y de la Cultura Audiovisual en 2023 y 2026.
El 11 de noviembre, la cultura también para.
